El origen
Volví al Perú después de 25 años con ganas de compartir lo que aprendí en el camino.
Cuando llegué a Alemania, no sabía si iba a poder seguir haciendo cine.
Tenía algunas experiencias, estudios previos, ideas… pero en este país, nada de eso parecía suficiente.
No conocía el sistema, no hablaba alemán con confianza, no tenía una red ni un espacio donde empezar. Y, sin embargo, algo dentro de mí me decía que no podía soltar ese camino. Que si no seguía creando, contando historias, intentándolo… iba a perder algo más que una carrera.
Esta historia no es un manual, ni una guía de cómo entrar a una escuela de cine. Es una historia real. Una historia de cómo, con lo mínimo, pude abrir una puerta concreta en un país ajeno, en una industria que parecía cerrada, en una lengua que aún no era mía.
Es la historia de un cortometraje hecho con cero presupuesto, con un techo helado como locación, ropa prestada, y amigas que creyeron en mí sin pedirme nada. Un corto que nació de la urgencia, del miedo a no lograrlo, pero también del amor por esta profesión
Filmar Noche Silenciosa fue, para mí, mucho más que cumplir con un requisito. Fue un acto de resistencia. De afirmación. Fue decir: estoy acá, quiero contar algo, y no necesito tenerlo todo para empezar.
Ese corto me abrió las puertas de una de las mejores escuelas de cine de Alemania.
Y ese momento, esa carta, cambió mi vida.
Lo que vas a leer en estas páginas no está escrito desde el éxito, sino desde el proceso. Desde el frío, desde la espera, desde las dudas, desde los cafés con amigos donde nacen las ideas, desde el miedo a otro “no”. Escribo esto porque sé que allá afuera hay personas que están intentando hacer cine o cualquier otro proyecto creativo y sienten que no tienen lo necesario. Que no pertenecen. Que nadie les está esperando. Yo también sentí todo eso. Pero igual filmé.
Cuando llegué a Alemania, no sabía si iba a poder seguir haciendo cine.
Tenía algunas experiencias, estudios previos, ideas… pero en este país, nada de eso parecía suficiente.
No conocía el sistema, no hablaba alemán con confianza, no tenía una red ni un espacio donde empezar. Y, sin embargo, algo dentro de mí me decía que no podía soltar ese camino. Que si no seguía creando, contando historias, intentándolo… iba a perder algo más que una carrera.
Esta historia no es un manual, ni una guía de cómo entrar a una escuela de cine. Es una historia real. Una historia de cómo, con lo mínimo, pude abrir una puerta concreta en un país ajeno, en una industria que parecía cerrada, en una lengua que aún no era mía.
Es la historia de un cortometraje hecho con cero presupuesto, con un techo helado como locación, ropa prestada, y amigas que creyeron en mí sin pedirme nada. Un corto que nació de la urgencia, del miedo a no lograrlo, pero también del amor por esta profesión
Filmar Noche Silenciosa fue, para mí, mucho más que cumplir con un requisito. Fue un acto de resistencia. De afirmación. Fue decir: estoy acá, quiero contar algo, y no necesito tenerlo todo para empezar.
Ese corto me abrió las puertas de una de las mejores escuelas de cine de Alemania.
Y ese momento, esa carta, cambió mi vida.
Lo que vas a leer en estas páginas no está escrito desde el éxito, sino desde el proceso. Desde el frío, desde la espera, desde las dudas, desde los cafés con amigos donde nacen las ideas, desde el miedo a otro “no”. Escribo esto porque sé que allá afuera hay personas que están intentando hacer cine o cualquier otro proyecto creativo y sienten que no tienen lo necesario. Que no pertenecen. Que nadie les está esperando. Yo también sentí todo eso. Pero igual filmé.
Todo cambia cuando decides tomarte en serio lo que antes parecía imposible.
Cuando llegué a Alemania, no sabía si iba a poder seguir haciendo cine. Tenía algunas experiencias, estudios previos, ideas… pero en este país, nada de eso parecía suficiente. No conocía el sistema, no hablaba alemán con confianza, no tenía una red ni un espacio donde empezar. Y, sin embargo, algo dentro de mí
Lo que vas a leer en estas páginas no está escrito desde el éxito, sino desde el proceso. Desde el frío, desde la espera, desde las dudas, desde los cafés con amigos donde nacen las ideas, desde el miedo a otro “no”. Escribo esto porque sé que allá afuera hay personas que están intentando hacer cine o cualquier otro proyecto creativo y sienten que no tienen lo necesario. Que no pertenecen. Que nadie les está esperando. Yo también sentí todo eso. Pero igual filmé.
Cuando llegué a Alemania, no sabía si iba a poder seguir haciendo cine. Tenía algunas experiencias, estudios previos, ideas… pero en este país, nada de eso parecía suficiente. No conocía el sistema, no hablaba alemán con confianza, no tenía una red ni un espacio donde empezar. Y, sin embargo, algo dentro de mí
Lo que vas a leer en estas páginas no está escrito desde el éxito, sino desde el proceso. Desde el frío, desde la espera, desde las dudas, desde los cafés con amigos donde nacen las ideas, desde el miedo a otro “no”. Escribo esto porque sé que allá afuera hay personas que están intentando hacer cine o cualquier otro proyecto creativo y sienten que no tienen lo necesario. Que no pertenecen. Que nadie les está esperando. Yo también sentí todo eso. Pero igual filmé.
Ejercicio final
Llévalo a la práctica
Cuando llegué a Alemania, no sabía si iba a poder seguir haciendo cine. Tenía algunas experiencias, estudios previos, ideas… pero en este país, nada de eso parecía suficiente. No conocía el sistema, no hablaba alemán con confianza, no tenía una red ni un espacio donde empezar. Y, sin embargo, algo dentro de mí me decía que no podía soltar ese camino. Que si no seguía creando, contando historias, intentándolo… iba a perder algo más que una carrera.
